A Space of Ideas

December 6, 2019

Please reload

Recent Posts

In Book VII of his masterpiece The Republic, Plato introduces what is probably the most famous philosophical allegory of all times: the allegory of th...

Finding Leadership | Part I

April 18, 2017

1/3
Please reload

Featured Posts

Juan Gabriel y Freud: Lecciones de Psicoanálisis con el Divo de Juárez Vol. I

Se dice por ahí que, Juan Gabriel –cuyo nombre real era Alberto Aguilera Valadez–, ostenta el catálogo de canciones más grande del mundo. Juan Gabriel fue, en muchos sentidos, un regalo de México para la humanidad, y si Freud lo hubiera conocido, no habría podido aguantarse las ganas insaciables de entender la mente humana a través de sus canciones. Lo que sucede es que, la teoría psicológica de Freud, el psicoanálisis, resuena y genera ecos interminables con las letras míticas del también llamado Divo de Juárez. Entrañable e inolvidable como JuanGa siempre será, a tres años de su pérdida, me tomaré la libertad –que definitivamente no me merezco– de intentar ilustrar el psicoanálisis Freudiano a través de sus seductoras letras.

      No hay necesidad de buscar tanto para entender cómo, el Divo de Juárez, sin quererlo ni planearlo, enunció los postulados de Freud con una claridad inigualable en sus canciones. Remontarnos a su primer gran éxito en 1971, No Tengo Dinero, es más que suficiente. No Tengo Dinero, era la letra que capturaba los estragos de un país permeado por la pobreza pero que, en otras canciones, tal vez no podía encontrar lo que era propio de sus experiencias, las cuales JuanGa, sin embargo, describía mejor que nadie: “Pues ya, me pregunta que hasta cuando nos iremos a casar. Y yo, le contesto que soy pobre que me tiene que esperar. No tengo dinero ni nada que dar” (Aguilera Valadez, 1971).

      Así es cómo Juan Gabriel, en sus creaciones, se convertía en el psicoanalista. Entendamos primero, entonces, qué es el psicoanálisis. Para Freud, el psicoanálisis era una herramienta para ayudar al ser humano, misma que se podía resumir en aquella famosa frase de, “la cura por la palabra” (Pick, 2015). El psicoanalista simplemente recibe a quien presente emociones que no son capaces de ser articuladas y, por lo tanto, eluden ser explicadas. El psicoanalista brinda al paciente la oportunidad de hablar libremente, lo cual permite eventualmente, a ayudar al mismo a articular, y poder comprender, el significado de dichas emociones (Simpson and French, 2006).  El Divo de Juárez, al darle voz a aquello que a veces nos acongoja, pero que no se sabe expresar así mismo, era en muchos sentidos un lírico psicoanalista.

      Pero, ¿por qué el paciente habría de llegar con el psicoanalista con emociones inexplicables? La respuesta a esta intrigante pregunta la encontramos en otra de las canciones de JuanGa, Fue Tan Poco tu Cariño. Fue la primera canción que, en 1977, le escribió a su entrañable amiga, la española Rocío Dúrcal. Inicia diciendo: “Tu querías que te dejara de querer... y lo has conseguido.” Y, remata en aquella estrofa maestra: “pero no me pidas que yo trate de olvidar, es imposible. Porque es más fácil que te vuelva yo a querer… a que te olvide” (Aguilera Valadez, 1977). Lo que la canción ejemplifica es la imposibilidad de olvidar sentimientos que definieron nuestras vidas. Freud, obsesionado precisamente con esta dinámica de la vida, propuso que existe el inconsciente, en la mente humana, a dónde todo aquello que en la realidad no puede ser, tiene que reprimirse (Gabriel, 2011). Por ello Freud, en El Malestar de la Cultura (1929), argumenta que, una vez formado, nada en la mente humana puede olvidarse, simplemente se reprime y eventualmente nos causa emociones inexplicables.

          Tal vez, entonces, el primer dilema a considerar sería, ¿por qué habríamos de reprimir ciertos sentimientos? La respuesta Freudiana reside, en parte, en la civilización –la sociedad y sus reglas– que nos rodea, la cual, junto con las restricciones físicas y materiales de la vida, generan una realidad que nos regula (Freud, 1961). A lo anterior, Freud le llamaba el principio de realidad, y es simplemente un recordatorio de que muchas cosas que sentimos y quisiéramos ser/tener, simplemente nunca sucederán. Por ejemplo, aquel amor que tal vez nunca se dará. Así fue entonces, precisamente, cómo Juan Gabriel enmarcó al principio de realidad, en aquella canción muy famosa, pero también muy triste, La Diferencia: “Qué daño puedo hacerte con quererte, si tú a mí no me quieres, yo te comprendo. Perfectamente sé, que no nací yo para ti. Pero qué puedo hacer si ya te quiero.” Es decir, hay cosas que suceden, y simplemente son como son, nos gustaría que fueran diferentes, pero la realidad usualmente se interpone en nuestro camino.

          En pocas palabras, la mente desea, con anhelos ardientes, muchas cosas que, tristemente, nunca sucederán. Por eso, y para escapar de dichas realidades insufribles (Abreu Pederzini, 2018), reprimimos aquellas cosas que, en el inconsciente, podemos esconder para dejar de llorar por ellas. Ahora bien, ¿Qué pasará con todo aquello que reprimimos? Resulta que, eventualmente, el inconsciente y su catálogo de represiones encuentran formas de ser expresadas nuevamente. Una que me fascina son las fantasías. En Más Allá del Principio del Placer, Freud explora cómo operan las fantasías en múltiples y diferentes formas. Una de ellas, es permitirnos realizar ciertos deseos reprimidos. Encontraríamos, dentro del cancionero interminable de Juan Gabriel, un sin número de ejemplos de lo anterior. Pero, siendo honestos, es su célebre himno al amor y a la tristeza, Amor Eterno, el mejor ejemplo de la fantasía que cumple al fin con un sueño. Aunque el origen de la canción representa una controversia interminable, no queda duda de que fue escrita para alguien a quien el Divo de Juárez perdiera prematuramente. Por eso, inicia diciendo: “Tú eres la tristeza de mis ojos. Que lloran en silencio por tu amor.” La enunciación como fantasía Freudiana de la canción, desde luego emerge posteriormente, en aquel coro que hasta al más inhumano conmueve: “Cómo quisiera, ay, que tú vivieras. Que tus ojitos jamás se hubieran cerrado nunca y estar mirándolos” (Aguilera Valadez, 1978).

      Si nos permitimos el lujo de entrar en las controversias del origen de Amor Eterno, entonces tal vez podríamos entender algo más de las fantasías en el psicoanálisis. Una de las versiones del origen de la canción, es que Amor Eterno está dedicada a uno de los amores de Juan Gabriel. Diferentes nombres se han barajado en la prensa, sin jamás darse pruebas evidentes. Sin embargo, algo que es claro es que todos los posibles nombres son del género masculino. Y es que todos los que lo seguíamos, lo sabíamos, que detrás de todas las declinaciones femeninas en la terminología romántica de sus canciones, probablemente lo que el Divo realmente quería decir era totalmente lo contrario. Qué curioso, que es así cómo Freud discute, en La Interpretación de los Sueños (2010), los mecanismos que forman a una fantasía. Freud argumenta que, si las cosas que reprimimos, son reprimidas porque nosotros o la sociedad no las aceptamos; entonces, para poder ser expresadas, en una fantasía, tienen que ser disfrazadas, para aparentar ser algo más. A esto, Freud le llamaba el trabajo del sueño, el cual transmutaba a un contenido latente –escondido y real en el inconsciente– en uno manifiesto –distinto, pero socialmente aceptable. Así, a más de uno seguramente se la habrá ocurrido que, las letras de Juan Gabriel, a través del trabajo del sueño, probablemente transmutaron, en más de una ocasión, a “él” por “ella.” Así, todos nosotros, como Freud argumentara, al fantasear solemos disfrazar también, en muchos sentidos, el deseo del cual la fantasía realmente surge.

      Más allá de representar una realización de un sueño frustrado, la fantasía, decía Freud, también es una oportunidad para ensayar nuestras respuestas a eventos traumáticos. Si retomamos las controversias alrededor de Amor Eterno, otra hipótesis –y tal vez la más aceptada– es que la canción fue dedicada a su madre. Su madre representó, en la vida de JuanGa, un repetido sufrimiento y tal vez la desolación más grande, dado su abandono. No es coincidencia, entonces, que al final del tercer capítulo de la serie biográfica de Juan Gabriel –Hasta Que Te Conocí (TNT Latin America, 2016)–, habiendo el televidente aprendido sobre el sufrimiento que su madre le causara, termina la historia con aquella canción de Yo Te Perdono. Recuerda probablemente Juan Gabriel, en Yo Te Perdono, al abandono y ausencia de su madre. Sin embargo, también ahí, dice: “Pero yo te perdono toda tu ingrata ausencia no importa que a mi vida la hayas vuelto infeliz.” ¿Habrá acaso un corazón tan grande capaz de perdonar tanto, o habrá sido esta canción precisamente una fantasía Freudiana que permitía a su autor volverse al fin en el amo y maestro de lo que sólo puede describirse como una experiencia agobiante?

          Para concluir, no podemos olvidar, el rol importantísimo que curiosamente, en el psicoanálisis, juega la madre. Es ella, al final del día, la fuente de nuestra identidad, así como el arquetipo del líder solidario, al cual seguiremos buscando por siempre. Mi amigo Yiannis Gabriel (2015) dice que el líder solidario es una fantasía, la cual representa nuestro deseo entrañable de volver a encontrar a alguien que, como la madre, cuide de nosotros. Es un deseo tan primordial y básico, que no podía escapársele a Juan Gabriel. Detrás de todo el dolor y devoción relacionado a su madre que, dentro de sus canciones, el Divo expresaba, siempre quedaba un espacio para la fantasía del cuidado de la misma. Qué anhelo tan grande habrá sido éste que resultó probablemente en una poesía auténtica, la cual eventualmente, y para sorpresa de muchos, fuera hecha famosa por Jaguares, Te lo Pido Por Favor. Fue ahí, donde Juan Gabriel capturó en formas encantadoras, el deseo más grande que tal vez todos tenemos, el de regresar al cuidado maternal de la infancia y a una vida que, sin preocupaciones, pueda vivirse bajo el mismo (Aguilera Valadez, 2002): “Donde esté hoy y siempre, yo te llevo conmigo necesito cuidados, necesito de ti… Tú me sabes bien guiar. Tú me sabes bien cuidar.”

 

 

Bibliografía:

Abreu Pederzini GD (2018) Leaders, Power, and the Paradoxical Position. Journal of Management Inquiry 27(3): 325–338.

 

Aguilera Valadez A (1971) No Tengo Dinero. Mexico: RCA Records.

 

Aguilera Valadez A (1977) Fue tan poco tu cariño. España: Ariola.

 

Aguilera Valadez A (1978) Amor Eterno. Arioloa.

 

Aguilera Valadez A (2002) Te lo Pido Por Favor. Sony.

 

Freud S (1929) Civilization and Its Discontents. Buckinghamshire, England: Chrysoma Associates Ltd.

 

Freud S (1961) Beyond the Pleasure Principle. New York : London: W. W. Norton & Company.

 

Freud S (2010) The Interpretation of Dreams. New York: Basic Books.

 

Gabriel Y (2011) Psychoanalytic Approaches to Leadership. In: Bryman A (ed.) The SAGE Handbook of Leadership. London: SAGE, pp. 393–404.

 

Gabriel Y (2015) The caring leader – What followers expect of their leaders and why? Leadership 11(3): 316–334.

 

Pick D (2015) Pyschoanalysis: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press.

 

Simpson P and French R (2006) Negative Capability and the Capacity to Think in the Present Moment: Some Implications for Leadership Practice. Leadership 2(2): 245–255.

 

TNT Latin America (2016) Hasta que te conocí. México: TNT Latin America.

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Follow Us
Search By Tags